ARTÍCULO 1:
CREENCIAS Y TÉCNICA EN LA DIRECCIÓN DE PVC-1

Recomendaciones

  • Leer los artículos de Lenguaje y Dirección de la Cartilla Cinemateca Rodante.
  • Ver la película PVC-1 (Spiros Stathoulopoulos, Colombia, 2007). Puedes encontrar el tráiler de la película.
  • Leer atentamente el artículo.

Reflexionando sobre las creencias personales y entendiendo cómo dirigir técnicas para adaptar esas creencias al cine

VIDEO 1: Segmento PVC-1 (2007) Spiros Stathoulopoulos – Dirección

Antes de hacer PVC-1 (Spiros Stathoulopoulos, Colombia, 2007)1, invertí considerable tiempo estableciendo mis creencias como director. Creo que el cine es un medio de transmisión de ideas filosóficas originales donde una de mis funciones es adaptar esas ideas al sistema de comunicación visual y sonoro: la sombra, la luz, el movimiento, los actores, la actuación, el vestuario, la utilería, la escenografía, las locaciones, la naturaleza de la cámara, los sonidos producidos por el cuerpo de los actores —como el diálogo o los sonidos como consecuencia de alguna acción de un actor—, el sonido ambiente de las locaciones y los sonidos que pertenecen o no pertenecen al universo de los personajes.

Creo que otra de mis funciones es usar ese sistema de comunicación respetando la capacidad interpretativa del espectador y evitando manipularle hasta el punto de darle todas las respuestas. En mi opinión, por naturaleza el cine está fundamentado en la manipulación: la manipulación de la percepción retiniana para producir la ilusión de movimiento. Pero si el cine ha de perpetuar el concepto de la manipulación es preferible que lo haga para liberar el intelecto humano de la pasividad. Puedo explicar como dirigí PVC-1 en un plano secuencia, pero precisamente porque creo en la capacidad interpretativa del espectador, en el presente escrito prefiero no explicar las ideas filosóficas que me motivaron a narrarla así.

Ahora bien, el aspecto técnico y la dirección de actores fueron los principales problemas a resolver tras la decisión del plano secuencia.

Mi prioridad para el rol protagónico era encontrar una talentosa actriz con experiencia principalmente en teatro y con extrema resistencia física. La experiencia teatral la requerí porque, considerando que la película se filmaría en un plano secuencia, una actriz de teatro estaba entrenada para actuar por varias horas continuas. Una actriz de cine o televisión también hubiese podido actuar en esta película, pero probablemente hubiese requerido más tiempo de preparación.  La resistencia física era necesaria para cargar el asfixiante collar bomba de varios kilos en temperaturas de hasta cuarenta y cinco grados centígrados bajo el sol.  Tras semanas de búsqueda, encontramos a Mérida Urquía, una artista escénica cubana, quien tenía una extensa experiencia en teatro y una resistencia física admirable.

Con Mérida tuvimos varias conversaciones sobre la historia, sobre su personaje y sobre el balance entre la actuación de cine y de teatro. Para la preparación dividí la narración en cuatro fragmentos que ensayábamos sistemáticamente. Si algún actor cometía un error hacia el final de un fragmento, volvíamos a empezar hasta que no hubiera errores. Cuando todos los fragmentos estuvieron funcionando, hicimos un ensayo general continuo en la locación y con cámara. Unas semanas más tarde filmamos la película cuatro veces en cuatro días diferentes.

Para una película con la logística de un plano secuencia en exteriores e interiores, el primer instinto puede ser requerir un ejército de asistentes de producción armados con radioteléfonos. Mi instinto fue contrario. Para evitar los errores inherentes a las soluciones complicadas, mi estrategia fue la simplificación. La estrategia consistía en desencadenar un Efecto Dominó. A través del terreno selvático por donde viajó la cámara, de aproximadamente diez kilómetros cuadrados, instalé casi equidistantemente a los diferentes grupos de actores, como instalando fichas de dominó sobre una mesa: la primera ficha eran los criminales avanzando en carro, la segunda ficha era la familia en su casa, la tercera ficha era el mal samaritano, la cuarta ficha eran los impulsadores de carro de ferrocarril, la quinta ficha era el borracho, la sexta ficha era el agente antiexplosivos en su carro, la séptima ficha era el superior del ejército en un vehículo militar, la octava ficha era el ejército caminando, la novena ficha eran los fisgones, la décima ficha eran los enfermeros en la ambulancia, la onceava ficha era el cura y la doceava ficha eran los hijos de la familia victimizada.

Al estar todas las fichas instaladas, empujé la primera ficha, tal como en el dominó, y se desató la reacción en cadena: los criminales atacan a la familia; los hijos menores se quedan en la casa y el resto de la familia pide auxilio de transporte a un mal samaritano, quien eventualmente los expulsa del carro; la familia pide otro auxilio de transporte a los impulsadores del ferrocarril y la madre avanza en carro separado; la madre continúa avanzando con su esposo e hija cuando es obstruida por un borracho; la madre se encuentra con el agente antiexplosivos quien aísla al esposo y la hija; llega el superior del ejército en un vehículo militar; llega el ejército caminando; llegan los fisgones; llegan los enfermeros en ambulancia; llega el cura y finalmente llegan los hijos menores de la madre.

No considero que PVC-1 sea una película experimental, lo sería si la historia no tuviera una estructura clásica y hubiese sido narrada en plano secuencia. Creo que el componente experimental en esta producción fue el proceso y aunque en el equipo existían algunas personas con escepticismo, el proceso demostró que sí era posible ejecutar la dirección establecida para esta película.

PCV – 1 (Spiros Stathoulopoulos, Colombia, 2007). A través de un plano secuencia de 85 minutos, comunicando la inalterabilidad del tiempo, PVC-1 narra la historia de Ofelia (Mérida Urquía), una inocente mujer del campo que lucha contra el tiempo por su vida, cuando un grupo de delincuentes comunes encabezados por Benjamín (Hugo Pereira), le pone un collar bomba para extorsionar a su esposo Simón (Daniel Páez) por una insignificante suma de dinero.  PVC-1 es un nuevo tipo de experiencia cinematográfica en donde, con el realismo del plano secuencia, el espectador es puesto en la escena y sigue el recorrido de esta valiente mujer y su familia, atravesando el campo en busca de ayuda para poder escapar del tormento físico y psicológico que los aprisiona.   Ofelia y su familia, al igual que el espectador, encuentra a Hurtado (Alberto Zornoza), el agente antiexplosivos del pueblo, quien desarrolla una gran amistad en corto tiempo con Ofelia, mientras cautelosamente trata de desactivar el artefacto.