ARTÍCULO 4:
Tejiendo animación, vivir la creación en colectivo

Recomendaciones

  • Ver la película VIENTO – WAYRA – FIBA – NAGAN – BINŸE – UAIRA – VÎHIRÚ – N ŨMI – PURAÜNKẄ (2019) Creación colectiva. Puedes encontrar la película aquí.ENLACE
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Diego Ríos

Tejiendo animación, vivir la creación en colectivo

“Me he preguntado: ¿Cómo el cine puede ser arte, 

dado que todas las artes principales surgen en alguna forma de la religión?

Ahora puedo responder: Porque las películas surgen de la magia.”1

 

Stanley Cavell

Las realizaciones animadas son quizá, la forma de creación audiovisual más antigua con que contamos. Estas ilusiones responden tanto al deseo como a la incapacidad de poder controlar el tiempo; son a la vez, vehículo para el entretenimiento como paleta y lienzo de los espíritus creativos que desean expresarse. Es así que, teniendo en cuenta lo versátil de sus características revisamos esta vez, una de sus virtudes, no tan mencionada: su potencia articuladora para la acción comunitaria. 

La experiencia que quiero compartir ocurre en el 2019, poco antes de la pandemia de Covid-19, cuando tuve el gusto de ser convocado en compañía de Juan Camilo Fonnegra –amigo y animador a quien admiro profundamente–, para conformar la dupla que orientó el Taller distrital de animación con la técnica stop motion dirigido a indígenas de la ciudad: «El sentido de la imagen»; este como parte de los talleres de la estrategia territorial para el desarrollo audiovisual de la ciudad Cinemateca Rodante, ofrecidos por la Cinemateca de Bogotá –Gerencia de Artes Audiovisuales del Idartes.

 Los primeros pasos

En encuentros previos al taller con el equipo de la Cinemateca Rodante y Juan Camilo, revisamos los recursos, el público, los tiempos con que contábamos y antetodo las posibilidades materiales de la animación registrada por medios fotográficos, donde consideramos y concluimos que las técnicas a utilizar se amparaban bajo el manto del stop motion

 

Una vez decidido, barajamos posibilidades frente al cómo abordar su ejecución en ese momento, pese a que no teníamos claro de cuántas comunidades indígenas tendríamos participantes, éramos conscientes de la novedad de trabajar con un grupo diverso, rico en saberes y del que los talleristas desconocíamos más de lo que conocíamos. Estas razones nos llevaron a trabajar con un enfoque de laboratorio experimental y abierto de creación audiovisual, donde no buscaríamos un resultado en concreto sino que a partir de los hallazgos –bien sean aciertos, oportunidades, desatinos o dificultades–, se asume la mutación permanente como la naturaleza del taller y se permiten distintas opciones en la participación del grupo a través del proceso. De esta manera se posibilitó la realización de un material audiovisual de corta duración, se facilitó la flexibilidad en las etapas de desarrollo y producción de la obra y se conjuraron las condiciones para tejer contenidos derivados de los hilos de las experiencias y el conocimiento de los participantes miembros de las diferentes comunidades indígenas que habitan el territorio del distrito capital.

 

Con estas reflexiones damos inicio a una experiencia única de dos meses, en la que por primera vez y en medio del inicio en pleno de actividades de la nueva Cinemateca de Bogotá, representantes de catorce pueblos indígenas habitantes de la ciudad, trabajaron de forma constante por más de cien horas en un taller de creación que redunda en su consecuente obra: la película. 

 

VIENTO-WAYRA-FIBA-NAGAN-BINŸE-UAIRA-VÎHIRÚ-NŨMI-PURAÜNKẄ. En el momento en que se grabó el sonido y se planeaban los créditos, fue que se discutió intensamente y en conjunto al respecto, ¿Por qué un título tan largo?, ¿Por qué no solo en una de las lenguas? ¿Por qué no solo en español?, y la respuesta que encontramos fue el deber de representar nuestro ejercicio, enunciar la diversidad y el querer hacer de un colectivo, pero no por selección o descarte sino por sumatoria. 

 

Cada palabra en cada una de las lenguas, representa las comunidades a las que pertenecen esta experiencia, donde al nombrar el cortometraje en las diferentes lenguas estábamos dejando la huella directa de su participación.


¿Por qué viento?

Esto lleva a la primera etapa del taller donde más que considerar el concepto como resultado de una lluvia de ideas o enmarcarlo como el producto de alguna técnica para el desarrollo de una película, fue un compartir ritual de lo trascendental que se gestó en las primeras sesiones a partir de la exposición y el diálogo. Así, rápidamente y de forma homogénea, las personas participantes encontraron en las cosmogonías de origen de sus pueblos la forma natural de expresar su existencia, resultando además en un objetivo común de visibilizar las culturas indígenas que en una ciudad como Bogotá tienden a ignorar sus dinámicas. 

 

Es entonces que, a partir de allí fuimos identificando en todas las historias unos componentes compartidos para describir la constitución del universo donde uno de estos elementos es el viento, idea que se presenta como una noción común de esencia e influjo para la vida. Descripción curiosamente similar a la que usamos en animación para hablar del ánima o esencia viva detrás del movimiento y que para cada pueblo adquiere particularidades, inclusive llegando a manifestarse en algo tan sutil como la entonación al pronunciar la palabra en lengua nativa. 

 

Al comenzar el taller, revisamos con las personas inscritas, pertenecientes a las comunidades indígenas, algunos referentes de obras previas donde tres de ellas fueron una influencia importante en el diseño del taller –gestadas en el seno del que puede ser el colectivo más relevante frente al fortalecimiento de la comunidad global de la animación en el mundo. En primer lugar ubicamos el icónico clásico internacional Anijam2 de 1984, donde quince animadores independientes de diversas nacionalidades animan los segmentos de un corto que construye su flujo de producción fundamentado en una variación de la técnica de escritura surrealista del cadáver exquisito3; en la reinterpretación de un mismo personaje. 

 

Usando esta y otras experiencias en el contexto nacional se realizan acciones de creación colectiva animada probablemente desde el 2007 de la mano con la constitución del capítulo colombiano de Asifa (International Animated Film Association), instancia que agrupa y ha dado voz colectiva a las personas que trabajan en torno a la creación animada durante la última década y media en el país. Entre sus ejercicios productivos sobresalen las dos últimas películas animadas colaborativas que son Me Kafka Bogotá4 que resulta de la intención compartida de un grupo de animadores convocados desde Asifa Colombia para conmemorar el centenario de la publicación de la metamorfosis de Franz Kafka, con un tributo animado inspirado en su Gregor Samsa pero en clave bogotana. Gracias a ello se hizo inevitable querer otra realización, ahora con un colectivo mayor, recreando como orquesta a partir de segmentos animados, recurriendo nuevamente al blanco y negro como elemento plástico de conexión los pasajes de la selva de José Eustaquio Rivera en la película Vorágine 315.

 

Puedo contarles que tuve la oportunidad de participar en ambos proyectos que, desde mi punto de vista, han servido como válvulas oxigenantes en medio de los procesos productivos de los y las animadoras participantes, permitiéndonos salir de la cotidianidad de nuestras labores para unirnos como artífices de estos pequeños gigantes de la creación colectiva. Aprendimos también como la sumatoria de voluntades puede servir como método de creación y sobre todo como adherente, articulación y motor de la comunidad de la animación en Colombia. 

 

Ahora, ya para el taller «El sentido de la imagen» de la Cinemateca Rodante hay que contemplar ciertas condiciones especiales, dado que en este caso los y las participantes no tenían experiencia en animación, aprovechando nuestra experticia como realizadores de obras animadas,  profesores y talleristas de espacios de formación en animación, trabajando en universidades y en talleres dirigidos a población infantil o juvenil. Aún así este proyecto rodante nos plantea un enfoque nuevo, a partir de dinámicas de cocreación, donde no prima el aprender los procesos de la animación, entendiendo la animación como un medio que permite representar los deseos e imaginarios de forma orgánica a manera de tejido, cobijando autoralmente a los miembros de comunidades poseedores de una notable sensibilidad estética y plástica.


La estrategia

Ya dispuestas las bases del proyecto, establecemos una estrategia que nos dé el tiempo para conocer las características, habilidades e intenciones de las y los participantes, determinando cuatro condiciones particulares para el taller-laboratorio:

 

  1. Respetar rigurosamente un cronograma bastante apretado. 
  2. La necesidad de no coartar o sesgar la apuesta creativa desde nuestro rol como orientadores y orientadoras del proyecto, otorgando la libertad y la responsabilidad creativa a las y los participantes. 
  3. Configurar las etapas de la realización audiovisual (desarrollo, preproducción, producción, postproducción y exhibición), de manera flexible, no dogmática y abierta a aportes de cualquiera de las personas integrantes, observando permanentemente la condición frente al tiempo de la realización.
  4. Entender que son realizadores noveles y que solo uno de ellos cuenta con conocimientos y experiencia directa en producción audiovisual. 

 

Estos, se convirtieron en los mantras del ritual creativo, soportados por la plataforma Rodante de la Cinemateca de Bogotá. Aquí resalto especialmente el acompañamiento incondicional y estratégico de Sandra Chindoy lideresa y responsable distrital de poblaciones de Cinemateca Rodante indígena, puesto que se convirtió en una suerte de coordinadora de campo, puente entre nosotros el equipo talleristas y las personas de las diferentes comunidades indígenas inscritas.

 

Desde el primer momento manejamos etapas de realización abiertas para facilitar la flexibilización de procesos productivos y orgánicos, así como las técnicas y los conceptos fundamentales de la animación, presentados por medio de la exhibición y análisis de ejemplos, a la par con la producción de ejercicios técnicos sencillos que aterrizaron en la práctica lo visto en los referentes. 

 

Explorando las posibilidades de la animación desde sus variables técnicas de stop motion en especial el cutout (animación por recortes), la pixilación (donde se animan personas) y la animación de partículas (con arena, sal o semillas), reconociendo su efectividad para este trabajo colectivo, aprovechando que sus curvas de aprendizaje básico fueron de las más rápidas en animación, por la inmediatez al visualizar resultados parciales y su materialidad tangible. 

 

El stop motion se constituye por un trabajo progresivo que busca lograr fluidez y nos permite experimentar por medio del ensayo, lo que gustaba, lo que se quería y lo que no. Por esto, encontramos una plástica común y honesta realizada por los indígenas con sus formas, sus colores y sus texturas, elementos que se derivaron de su música, sus artesanías y su comida. Lo anterior se logra por la puesta en común de prácticas con los dispositivos y los procesos fotográficos digitales, base tecnológica del stop motion contemporáneo que nos permiten apreciar y evaluar pruebas instantáneamente, situación que desde las primeras sesiones despertó el interés, avivó el deseo creativo de los participantes y modeló las dinámicas del trabajo colectivo. 

 

El componente narrativo parte de una premisa general, resultado de la decisión e intención homogénea del colectivo de compartir las diferentes cosmogonías de las comunidades indígenas presentes, por medio de la escucha comunitaria e interactuar con sus saberes ancestrales, determinando las ideas que guían el desarrollo de la futura película. 

 

El centro del relato es un corazón compuesto por contenidos simbólicos, que palpita al ritmo de las historias de origen de los pueblos y de la importancia del viento como elemento esencial: el soplo, que marca el nacimiento del tiempo y la conclusión de nuestra puesta en común y lugar de intersección de vivencias, conceptos y conocimientos compartidos. Obtenemos entonces la idea clave para desarrollar y articular en imágenes audiovisuales los sentires de la colectividad, permeados por la magia y la metafísica de los relatos de nuestras comunidades indígenas; se pasa luego a construir paulatinamente secuencias con materiales, pinturas y cuerpos que se animan, escogidos por la relación entre las experiencias y los hábitos de los participantes, logrando fijar y mezclar las miradas y voces de quienes crean desde la proyección del sentir del otro.


El proceso

 

Ahora es posible proceder técnicamente con la realización, de acuerdo con las afinidades y las intenciones narrativas de presentar el viento como instancia determinante en la creación de la humanidad. Se reorganizan en tres equipos a todas las personas participantes y teniendo en cuenta la manera como nos fuimos conociendo durante las sesiones iniciales, se escogen, seleccionan y asumen responsabilidades frente a la producción para componer una obra de tres partes orientadas por los descubrimientos de los participantes en el mismo taller. Un grupo quiere trabajar desde la simbología de la pintura corporal, otro se conecta con la posibilidades de las semillas y usarlas como recurso para animar a manera de partículas, y un tercero se centra en la manifestaciones culturales representadas desde el collage entre siluetas y elementos propios de sus artesanías.

 

Cada subgrupo escaleta y boceta, algunos con trazos, otros con fotos y otros desde frases textuales que terminan dando forma a sus respectivas preproducciones, los resultados de esta etapa son indispensables para definir un plan de rodaje semi estructurado en tiempos y acciones. Ya conscientes de las posibilidades expresivas de la técnica se reta a la solución, se redescubren los procesos de la animación y se exploran con una nueva apuesta colectiva, dando inicio a la producción en estricto sentido: una maratón de rodaje y creación sonora donde, con la mejor disposición y organización, en poco más de 6 días –que en ocasiones llegaron a incluir jornadas hasta de doce horas de trabajo. Hubo casos que se convirtieron en experiencias contradictorias como por ejemplo, el trabajo del equipo de pintura sobre el cuerpo el cual de un participante quien debía permanecer prácticamente inmóvil durante horas y la satisfacción de todos ellos al observar el resultado. 

 

Una vez identificados los grados de dificultad de las secuencias del proyecto, decidimos colectivamente rodar primero, las de mediana complejidad, luego las más complejas, seguidas de las sencillas y finalmente unas sesiones más cortas de 3 a 4 horas para la repetición o mejora de lo animado. 

 

A la mitad de este proceso se inicia la creación y grabación del componente sonoro, aquí se cuenta con la fortuna que varios participantes ejecutaban instrumentos musicales y con el apoyo de nuestro tallerista de sonido Daniel Carvajalino se le dio forma a la dimensión sonora, conformada por la música y los efectos, que entrelazan armónicamente con las secuencias visuales de la película. 

 

Una vez finalizada la producción se definieron en conjunto las decisiones frente al montaje y Juan Camilo se encarga de ejecutar la postproducción y edición del proyecto, dando puntadas clave en el balance e integración de las partes; es aquí donde decidimos el título de la obra que tal vez pueda parecer exótico, pero que por encima de cualquier valoración externa a la película, es el reflejo de la necesidad de manifestar la existencia de lo particular en lo comunitario. El corte final llega y le da paso a la exhibición un estreno –me atrevo a decir no sólo de la película sino de la misma Sala Capital de la Cinemateca de Bogotá, un maravilloso espacio público y democrático de la ciudad–, donde quienes participamos en VIENTO-WAYRA-FIBA-NAGAN-BINŸE-UAIRA-VÎHIRÚ-N ŨMI-PURAÜNKẄ, disfrutamos de nuestra película.

 

En lo personal, esta fue una experiencia de crecimiento como animador pero sobre todo, como persona. Aprendí de un maravilloso equipo acerca de diversos lugares de enunciación: que somos menos distintos de lo que creemos y confirmé que, como colectivo, somos capaces de desarrollar la potencia creativa, imposible de llevar a cabo desde prácticas individuales.

 

La animación nos permitió expresar ideas sorteando barreras de lenguaje. Incluso aquí en las borrosas fronteras de la realización donde habitan las formas audiovisuales, considero que esta película acerca a quien la vea al sentir mágico ancestral que habita en las personas detrás de la obra y a hacer parte del tejido colectivo que ondea a ritmo de viento cada vez que alguien vea el cortometraje.


Diego Felipe Ríos Arce
Realizador
 

 1. Cita del filósofo Stanley Cavell que abre el libro Animasophy 2010 de Ülo Pikov.

3. “El cadáver exquisito es una técnica de creación colectiva (donde cooperan varios artistas) que nace en el ámbito literario y luego se aplicará en las artes visuales.” Tomado de: https://www.3minutosdearte.com/generos-y-tecnicas/cadaver-exquisito/